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viernes, 13 de mayo de 2022

Hermes en Barcelona

 

En la parada de metro “Poblé Sec”, en la calle Rocafort número 1,  esquina con el Paralelo a pocos metros de donde vivían mis abuelos hay un reloj en el suelo que se instaló para la exposición del 29, está dedicado al dios Hermes. 



Hay otro muy parecido en la Vía Layetana en el número 69 muy cerca de la Plaza Urquinaona.

https://www.lavanguardia.com/participacion/las-fotos-de-los-lectores/20220428/8228550/reloj-barcelona-marca-hora-suelo.html

El reloj se instaló para dar a conocer a Hermes como personaje que daba la bienvenida a todos los visitantes por ser el dios de la prudencia y la habilidad y estaba presente en todas las relaciones de intercambio social. Se dice que Hermes inventó varios tipos de carreras y deportes, por ejemplo, la lucha y por eso fue nombrado patrón de los atletas. 

Se caracteriza por sus sandalias aladas, que en algunos casos es el casco donde las lleva. En el mencionado reloj está dibujado de forma esquemática y solo su cabeza, pero es inconfundible.

Hermes era hijo de Zeus y de la ninfa Maya y se le atribuyen múltiples funciones, era el mensajero de su padre, el que guiaba a las almas al mundo de los muertos, el protector de los viajeros los mercaderes y los ladrones.

Se le menciona en los antiguos poemas griegos de Homero y lo invoca como de pensamientos astutos, pensamientos de ladrón, espía y guardián de las puertas.

La palabra hermético proviene de Hermes en relación a lo impenetrable es decir aquello que no deja pasar el aire, a estar sellado o cerrado, pues mantenía todos los secretos escondidos de Barcelona.

Hermes está muy presente en toda la ciudad Condal. En el banco de España que está en la calle del Portal del Ángel hay unas 40 imágenes del dios griego.

La mitología está llena de historias que nos ilustra sobre increíbles protagonistas. En España se dice que Hércules fundó ciudades como Tarragona, Cádiz a Coruña y Sevilla, pues bien, Hermes fundó Barcelona.

Atenea había fundado antes Atenas y mucho antes de Rómulo y Remo, el héroe troyano Eneas estableció los cimientos de lo que sería posteriormente Roma. 

Según la mitología, Hermes llegó a Barcelona con Heracles capitaneando sus naves, uno de sus barcos desapareció buscando el Vellocino de oro, era la novena barca extraviada en la que viajaban sus hombres, después de mucho buscarla, apareció frente a la montaña de Montjuïch y aquel lugar le gustó tanto Hermes y a Heracles que decidieron fundar allí mismo una ciudad a la que llamaron Barca nona, que por derivación acabó siendo Barcelona. En otros medios se le atribuye también a Hércules, pero no haremos afirmaciones no contrastadas.


 Hermes es también el dios del comercio, la economía y los viajeros, sus representaciones escultóricas aparecieron por muchos lugares de Barcelona, una de ellas, en la alegoría de bronce de Plaza Cataluña de Frederic Marés que realizó en al año 1928, Se representa un grupo escultórico formado por imágenes que personifican la industria el comercio y la navegación representadas en las figuras de Hermes y de una joven con un velero a lomos de un caballo.

Barcelona está bajo el influjo protector de Hermes y fue el símbolo favorito de la burguesía catalana desde que comenzaron a prosperar las primeras fortunas, por otro lado, es bastante común encontrarlo en cementerios donde esos burgueses y el resto del mundo reposan hasta la eternidad ya que Hermes también representa el acompañante de las almas al inframundo. Si alguien se anima a buscarlo por la Ciudad Condal podrá reconocerlo por sus símbolos además de las sandalias o el casco alado son el gallo y la tortuga, también puede ser reconocido por un bolso en su costado, sus grandes sandalias, su sombrero de ala ancha y su caduceo, que se representa por un bastón que en su parte superior tiene dos alas desplegadas y en la parte inferior dos serpientes entrelazadas, el caduceo ya se hace referencia en los poemas homéricos donde describe que se utilizaba para cerrar los ojos de los mortales en el momento del fallecimiento.

Otros que también tenían alas, eran los aviones que al inicio de la Guerra Civil sobrevolaron las azoteas del “Poble Sec”

En un piso de la calle Magallanes vivían mis abuelos con mi padre, era un edificio de cuatro plantas, ellos eran los inquilinos de piso más alto. En cierta ocasión durante la guerra civil aeronaves de la aviación republicana de origen ruso y aeroplanos del bando nacional, que puede que fueran de la Legión Condor, enviados por el Tercer Reich realizaron unos reconocimientos haciendo cabriolas de inspección y exhibición sobre el lugar.

Los aviones de la aviación republicana, denominada “La Gloriosa”, eran del modelo Polikárpov I-15

que la gente apodaba “Chatos” por tener el morro muy ancho, redondeado y plano.

Los del bando llamado Nacional, eran de la aviación alemana, la Luftwaffe, fueron los que más tarde, bombardearon Gernika, pero durante la exhibición no dispararon ni un solo tiro, solo reconocimiento y piruetas. Oyendo el ruido que emitían los aparatos no dudaron todos los vecinos de la zona subir a los terrados de las viviendas a ver el magnífico espectáculo, nunca visto que se desarrollaba en el cielo.

Para todos fue un magnífico entretenimiento.

El barrio del "Poble Sec" está muy bien delimitado por ser como un pequeño pueblo dentro de Barcelona tiene como referencia la falda de la montaña de Montjuic por un lado y por otro el Paralelo y el recinto de la Exposición y el puerto a las otras bandas.

Durante la industrialización del siglo XIX se utilizó tanta agua de las fuentes de los alrededores que dejó al barrio prácticamente seco, por lo que entre la gente comenzó a referirse al lugar como Poble Sec.

La plaza del Surtidor tenía una de las pocas fuentes que quedaron con varios caños de agua y este surtidor le daba el nombre a la plaza. En el año 1935 la fuente era muy similar a la fuente de Canaletas, cuatro grifos, cuatro farolas y cuatro picas o fregaderos, todo ello de hierro colado pintado de negro con adornos florales dorados y el escudo de Barcelona sobre los grifos, igual que en Canaletas, era de estilo modernista diseñado por Pere Flaqués, el mismo que diseño las farolas con banco calefactado de “trencadís” del Paseo de Gracia, que tanta controversia generó entre la población de la época.

Allí también vivieron mi padre y mis abuelos. Durante un tiempo estuvieron en la Plaza del Surtidor, coincidiendo con la hermana de mi abuela y su familia que vivían a pocos metros.

Otra circunstancia que ocurrió fue cuando la guerra ya estaba perdida por el bando republicano, mis abuelos y mi padre se fueron a Benillova, pueblo natal de mi abuelo Evaristo, donde podían refugiarse y no tener problemas, dejando el piso donde vivían a unos familiares lejanos con la promesa de la devolución de la vivienda a su regreso.

Una vez acabada la guerra, al poco tiempo, volvieron a su casa para instalarse de nuevo en su piso, pero los nuevos inquilinos les dijeron que ellos no se irían y que si insistían los denunciarían por sus antecedentes, así que los tres se vieron sin la posibilidad de volver a su hogar.

Cosas de la guerra, apuntó alguien.

jueves, 14 de abril de 2022

BENDITAS PASTILLAS QUE NOS PERMITEN VIVIR

 

Mi “yaya” Emilia tenía dolor en múltiples partes de su cuerpo, seguramente hoy le habrían diagnosticado fibromialgia, en su época no se conocía, pero por los síntomas tenía que ser algo parecido.

Para combatir sus enfermedades tomaba muchas pastillas, como ella decía, una de cada color y recuerdo que se las ponía frente al plato de comida todas en fila, respetando el orden y los colores. Para quitarle importancia decía, mira, parecen caramelos ordenados, no me gustaría exagerar, pero eran siete u ocho las pastillas que tomaba en cada comida para combatir sus enfermedades.

Vivía con su marido, mi abuelo Evaristo y un sobrino de este, Enrique, ella a mí me quería mucho y me daba todos los caprichos, solo recuerdo que me riñera una vez en toda mi vida y con toda la razón ya que fui a jugar con mis amigos, se hizo muy tarde y se nos olvidó volver a casa, para ella había desaparecido y lo pasó muy mal, al volver ya tarde tenía un disgusto monumental y la bronca fue tremenda. Cuando se le pasó el disgusto me perdonó, no sin antes hacerme prometer que no lo volvería a hacer nunca más.

Cuando estaba con mis abuelos en la calle Manso, en la época de Navidades encontraba normal que las carrozas de la cabalgata de Reyes pasaran por delante de casa, aquellos dos balcones que daban a la calle en el piso entresuelo, era como un palco preferente en primera fila a la que los ayudantes de sus Majestades tiraban caramelos que nosotros recogíamos con la felicidad del momento vivido.

Resulta que no era lo normal, éramos unos privilegiados y solo lo encontré en falta cuando la organización decidió cambiar el trayecto y fuimos a ver el paso de la Cabalgata a la calle Sepúlveda, paralela a Manso en su destino en la Avenida Mª Cristina, en unos pabellones de la exposición del 29.

 La organización de la cabalgata corría el cargo del Ayuntamiento, con la Colaboración de Joan Viñas Bona, locutor de radio en aquellos años, con el que coincidí muchos años más tarde en el medio de comunicación donde trabajaba, casualidades de la vida.

Mi abuela me llevaba a todas partes con ella y recorríamos las calles de Barcelona para hacer recados, comprar o ir al médico. Solíamos ir a la Catedral para poner una vela al Cristo de Lepanto de la cual era una gran devota.

Desde la calle Manso hasta la Catedral íbamos a pie, por supuesto, cogíamos “el carrer del Carme” hasta las Ramblas y de allí hasta la Catedral que ya estaba muy cerca, total uno 20 minutos y siempre me llamó la atención el porqué de los nombres de las calles.  

La calle Manso, concretamente Josep Manso i Soládonde vivíamos se dedicó a este militar catalán, nacido en Borredá en la comarca del Bergadá, participó en la guerra de la Independencia y en la primera guerra Carlista a las ordenes de Fernando VII e Isabel II, condecorado con la Orden de Isabel la Católica y la Cruz Laureada de San Fernando entre otras muchas.

Victor Balagueruna de las principales figuras de “la Reinaxensa” Político, escritorhistoriadorpoetadramaturgo y periodista, que publicó en el “Diari de Barcelona”, decano de la prensa en Barcelona, en su libro Las calles de Barcelona, publicado en 1865, explica la razón histórica del nombre de las calles y plazas, lo que se denomina, la odonimia de la ciudad.

La Gran Vía de les Corts Catalanes, Consell de Cent, Diputació, Plaza Universitat, están dedicadas a Instituciones.

Aragón, Valencia, Mallorca, Provenza, Rosellón, Nápoles, Calabria, Córcega, Sicilia, Cerdeña se nombra a territorios vinculados a la Corona de Aragón.

A personajes notables se dedican, por ejemplo, Ramón de Casanovas el último Conseller en Cap de la Generalitat de Barcelona, Pau Claris el 94 presidente de la Generalitat, Roger de flor comandante de la compañía Catalana de Oriente, Antoni Villarroel militar defensor de Barcelona durante el asedio de 1714, Roger de Lluria almirante de la Armada Real, Jaime de Urgel conde de Urgell, Berenguer VI de Entenza, comandante en jefe de la Compañía Catalana, Dorian Ausiàs March poeta, Ramón Llull, escritor filósofo y teólogo a Conrad Llansá almirante  y Ali Bey explorador entre muchos otros.

A batallas históricas, se nominan calles como, Trafalgar, Lepanto, Bruch, Bailén y otras se dedican a ciudades, como Lleida, Tarragona, Girona. Tal como explica @alexsnclmnt en su publicación de Twitter

Las calles por la que pasábamos para ir a la Catedral, como no eran del ensanche del Plan Cerdá, ya tenían nombre con anterioridad, al ser del núcleo antiguo como el Carrer del Carme, las Ramblas o la Porta Ferrisa, primitiva puerta de acceso de la Barcelona antigua.

El Trayecto más largo que recuerdo era cuando íbamos a buscar pescado al puerto donde llegaban las barcas de pescadores, hoy el Paseo Juan de Borbón, el único hijo de rey y padre de rey que no fue rey.

Íbamos por la tarde, después de su siesta, supongo que ella tenía controlado el tiempo pues llegábamos cuando las paradas estaban en plena ebullición, eran muy rudimentarias y todo el mercado estaba lleno de gente gritando para llamar la atención de los posibles clientes y cada dependiente gritaba ofreciendo el pescado más fresco y mejor. Nosotros a lo nuestro decía y nos dábamos una vuelta por todas las paradas preguntando el precio de toda la mercancía. Yo recuerdo el cansancio y la preocupación, porque aún teníamos que volver a casa y por supuesto a pie. Por fin se decidía y compraba un pescado, yo ignoraba que pescado era por mis escasos conocimientos en la materia, solía ser anguila. Para mí una serpiente comestible que ella sabía cocinar muy bien, con el paso del tiempo descubrí que ella tenía un arraigo en Valencia y creo que lo cocinaba al estilo de allí, lo denomina “all i pebre”. Paso un enlace de La Vanguardia por si alguien se anima.

Ya de noche llegábamos a casa, yo muy cansado, pero ella parece que las pastillas le habían permitido hacer la excursión.

Una de las peculiaridades de la forma de cocinar, no la anguila, si no todo, era que no se cocinaba prácticamente nada en la cocina, si no en el patio interior donde estaba el lavadero, así no se ensucia la cocina, decía. También había en aquel lugar una lavadora y una carnera o fresquera, la carnera era una especie de armario con estantes y todo protegido con una malla mosquitera que permitía que estuviera a la intemperie, pero protegida de moscas, mosquitos y demás bichitos, allí se conservaban embutidos, salazones y frutas que no era conveniente que se pusieran en la nevera.

Mi yaya Emilia era tan meticulosa en algunas cosas que, por ejemplo, cuando llovía protegía el paraguas con un plástico y su chubasquero también.

Cuando salíamos y llovía no se cortaba en absoluto, se ponía su chubasquero, una pieza impermeable en la cabeza a modo de pañuelo, unas botas de agua, el paraguas protegido por un plástico que había confeccionado para la ocasión y a mi me pertrechaba de forma similar, en definitiva, que de mojarnos nada en absoluto y al volver a casa, salíamos al patio-cocina y lo poníamos todo a tender cual colada salida de la lavadora, luego a la hora de cocinar íbamos sorteando las piezas tendidas.

En realidad, la ropa lavada, Enrique, su sobrino, la subía y las tendía en las cuerdas del terrado, allí había un lavadero asignado a cada inquilino y estaban reservadas también unas cuerdas para el uso de secar la ropa, en ocasiones le acompañaba a tal evento ya que desde allí se veía otra perspectiva de la ciudad, hoy lo llamaríamos a vista de dron.

jueves, 24 de marzo de 2022

 

MIS ABUELOS CONMIGO

 

No conocí a mi abuelo materno, si y mucho a mis abuelos paternos, sobre todo a mi abuela paterna Emilia ya que con ella pasé algunas épocas de mi niñez y algunas temporadas de mi adolescencia.

Para mí, el abuelo materno era el marido de mi abuela Dolores, se llamaba Federico y que yo recuerde y en mis primeros recuerdos de niño, el lugar en que vivían no me resultaba llamativo.

Era como una casita con dos habitaciones, un pequeño comedor con una cocina económica

http://dpmespecialidades.es/historia-de-las-cocinas-de-lena/

 y un patio, el baño era un diminuto cubículo donde solo había un wáter y no recuerdo bien si era un wáter o un agujero donde iba a parar todo.

En mis primeros recuerdos de niño veo a mi abuela Lola como una mujer con el pelo blanco recogido y con un delantal o mandil de donde salían todo tipo de cosas y que servía, tanto para coger una olla caliente como secar las lágrimas de niños, para secarse las manos y para esconder a un niño vergonzoso ante una visita inesperada. También valía como bolsillo y para guardar una galleta, un trozo de pan o un caramelo, para hacerse aire cuando hacia calor, para secarse las lágrimas, para limpiar el polvo, como pañuelo o para guardarlo en su bolsillo, cuando se limpiaba la verdura valía como transporte para llevar los restos a las gallinas del corral, y de paso al volver traer los huevos que habían puesto, como transporte de leña para el carbón del fuego como pequeño trasportín en caso de una pequeña compa y no digamos como protector de la ropa.

Pero sigamos con la descripción de la vivienda. Vivián con muy pocas cosas, pero todo estaba en su sitio y muy ordenado. Me llamaba la atención el echo de estar tan cerca de la playa y la cercanía del mar donde íbamos a menudo a buscar piedras y cristales romos por el desgaste que éstos tenían al ser erosionados por la arena y el agua, con ellos jugábamos mis primos y yo. Por cierto, nunca nos bañamos y para un niño eso era fundamental.  Solía coincidir con mis tres primos en ocasiones y al ser de una edad similar jugábamos en el patio o en la calle, una especie de pequeña avenida donde circulaba gente de todo tipo, generalmente muy desaliñada y algunos niños despeinados y sucios, pero siempre corriendo y riendo, sobre todo cuando venía un fraile Carmelita con una barba blanca muy larga que si hoy lo viésemos vestido de rojo no dudaríamos que era Papá Noël. Vestía con un hábito marrón y unas sandalias con las que levantaba el polvo de la calle, todos los niños le seguíamos porque nos daba pequeños caramelos que hacían las delicias de todos.

En la casa no había agua corriente y se tenía que ir a buscar a una fuente que estaba en la calle, todo el mundo hacía larguísimas colas para recoger el agua en todo tipo de cubos, vasijas y bidones que una vez llenos tenían que llevar hasta la vivienda.

La casa estaba ubicada en el Somorrostro,

https://es.wikipedia.org/wiki/Somorrostro_(Barcelona)

 era un barrio de barracas tocando al mar donde estaban los mas desprotegidos de la sociedad.

Se tiene constancia que empezó a llegar gente en 1882 y que fue creciendo sobre todo durante las fechas previas a la exposición del 29 ya que se necesitaba mano de obra para su construcción y duró hasta 1966 cuando fue destruido y sus habitantes fueron ubicaros en el Estadio Olímpico durante una temporada, hasta la construcción de unas viviendas en el cercano pueblo de El Prat, en un nuevo barrio denominado San Cosme.

Cuentan que era un barrio donde solo entraban los residentes, ya que el resto de barceloneses no se atrevía por miedo, en otra época había una entrada cerca de los depósitos de Gas, donde se encontraba la Guardia Civil para controlar a los vecinos y forasteros.

Nunca viví un episodio de temporal, pero eso tenía que ser terrible ya que entre en viento y el oleaje del mar podían enviar al traste a todo el barrio.  Tengamos en cuenta que unos años antes un temporal había destrozado la zona del Morrot, https://elpais.com/ccaa/2012/06/27/catalunya/1340826374_392423.html

 Lugar donde se encontraba una estación de ferrocarril que se utilizaba para mercancías llegadas por mar y que se distribuían por toda la red ferroviaria, pues bien, en una ocasión se fue todo al garete por un temporal, incluso las vías y la estación. Allí también había barracas, pero éstas estaban excavadas en la montaña, como algunas del barrio del Carmelo.

 

Me sorprendió mucho, una noche que me quede a dormir, la altura de las camas, eran muy altas y para un niño corno yo altísimas, al recordarlo veo que era necesario ya que podía entrar agua en la vivienda si venía tormenta o por el temporal de mar que con grandes olas tener el agua en los pies o una inundación era muy posible.

Para llegar al barrio se podía hacer por un callejón al lado del hospital de infecciosos hoy llamado Hospital del mar, se llamó Hospital municipal de infecciosos desde 1914 a 1939, se creó a partir de una epidemia de tifus y para evitar de nuevas en el futuro ya que Barcelona debía estar preparada contra enfermedades de ese tipo. Fue derribado por un bombardeo durante la guerra civil y reconstruido en la postguerra, lo rebautizaron con el nombre de Nuestra Señora del Mar.

Enlace hospital infecciosos

https://www.parcdesalutmar.cat/es/hospitals/hospital-del-mar/historia/

 Mis abuelos maternos en el momento de mis visitas al barrio, yo tendía 5 o 6 años, se dedicaban a trabajar haciendo el distintivo de embutidos como chorizo o salchichón, se trataba de sujetar en una cuerda roja, si era para embutidos picantes y blanca para embutidos sin pimientas picantes y se le adhería una chapa de latón que se tenía que troquelar con la marca del fabricante. A la entrada de la vivienda había varios sacos con el latón y las cuerdas para su manufactura. Nunca mejor dicho, a mano todo, con un yunque y un martillo, se ponía el tampón del troquel y martillazo para la incrustación de la marca, en el agujero se ataba la cuerda y listo, a por otro y así a miles, creo que el precio por cada mil etiquetas era ínfimo, trabajando todo el día se recogía una miseria, pero eso es lo que había.

 Por otra parte, mis abuelos paternos, con los que pasaba muchas temporadas, vivían muy cerca del “Mercat de Sant Antoni”, tengo muy buenos recuerdos de ellos ya que yo para ellos era su primer nieto y el niño al que mimar y cuidar, mi abuela materna Emilia, se deshacía en darme todo aquello que me complaciera. En aquel piso vivía también un primo de mi padre, Enrique, que para mí era como un tío con el que iba a pasear y comprar tebeos, o cambiar cromos al mercadillo, que se hacía en el exterior del “mercat” todos los domingos.

Mi abuelo paterno Evaristo, era hombre de pocas palabras, pero muy sencillo y enigmático. Recuerdo su cara cuando me regalaron mi primera bicicleta de dos ruedas, creo que estaba más satisfecho que yo y eso que para mi era la felicidad completa, seguramente veían en mi todo aquello que no pudieron tener ellos.

La peculiaridad de aquel lugar era que tanto mi tío como mi abuelo trabajaban de noche, Enrique de panadero, frente a la vivienda y mi abuelo de lechero en la calle Valldoncelles, no muy lejos de la calle Manso.

Cuando me quedaba unos días con ellos, reinaba el silencio desde las tres y media de la tarde, ya que ellos se iban a dormir puesto que tenían que trabajar, uno desde las 12 de la noche y el otro desde las 2 de madrugada. Eso quería decir que un niño como yo no podía hacer ni el más mínimo ruido ya que podían despertarse y mi abuela, la cual no gozaba de buena salud también hacia una siesta. Ya me ves a mí distrayéndome con los tebeos y los cromos que había obtenido el domingo anterior y también con muchos momentos de aburrimiento que me sirvieron como formación para entender que el aburrimiento era una fuente de ideas donde desarrollar proyectos y aprender a hacer volar la imaginación.

El piso de la calle Manso era un lugar muy atractivo para mí, ya que podía ir a jugar con unos amigos a una escalera a la que llamaban “la escala interior” y que pertenecía al mismo edificio, pero no daba a la calle, sino a la parte interior del mismo inmueble.

Recuerdo los aromas que en el lugar había, por una parte, olor a café recién tostado que provenía de un tostadero vecino “Bracafé” y por otro el olor a palma fresca recién cortada, ya que éramos vecinos de una cestería que en su parte posterior tenía el almacén.

La escalera interior era el lugar perfecto para escondernos e inventar todo tipo de juegos, corríamos por aquel lugar oscuro y a veces fantasmagórico por sus recónditos lugares y los recovecos del lugar, hasta que alguien nos venia a buscar o acudíamos a casa por iniciativa propia, no había peligro de perdernos, de esa escalera no se podía salir mas que por la entrada de la finca.

Mis abuelos paternos eran como unos segundos padres, sobre todo mi abuela, que me llevaba con ella a todas partes.

Con unos vecinos de la escalera interior ya mencionada a los que íbamos a ver y conversar habitualmente había una amiga de la familia, la señora Mercedes, con la que tenían muy buena relación y ella siempre tenía una frase a modo de coletilla que decía… “Jo només demano salut per mi i feina pel meu home” Yo solo pido salud para mí y trabajo para mi marido.

De pequeño no le di importancia, pero con el paso del tiempo veo que tenía mucho conocimiento ya que, si su marido tenía trabajo y ella salud, el resto de asuntos pasaban a un segundo lugar.

Eran una familia muy hogareña y acogedora, a mi el señor Miquel, me cortaba el pelo y una de las cosas que no había visto en mi vida, lo vi en su casa, era un televisor en blanco y negro, por supuesto, aún no existía la televisión en color, a la que habían puesto un filtro delante para que se viera en color, consistía en un plástico tipo acetato en el que la tercera parte superior era de color azul cielo, otra tercera parte del centro era de color rojo y la tercera parte inferior de color verde. Nunca coincidió con ningún paisaje, que supongo que era para lo que estaba pensado y la cara de las personas cuando era un primer plano pasaba a ser tricolor. Un desastre, pero cuando te acostumbrabas parecía que era así todo lo que se veía.

Puede verse en el siguiente enlace del Blog de David García Goñi.

http://davidaldia.blogspot.com/2013/01/television-de-blanco-y-negro-en-colores.html

 

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