No conocí a mi bisabuelo, José Ferrando Albors, padre de mi abuela paterna, ella siempre me decía que sobre todo no me relacionase con la política ni que saliera mi nombre en los periódicos, ella sabía por qué, ya que conocía en sus propias carnes lo acontecido en su familia.
La experiencia
vivida con su padre hacía que desconfiara de todo, su madre falleció dejando a
su hermana Josefina y a ella huérfanas, su marido, mi abuelo acusado por
pertenecer a la CNT sin serlo, su padre arruinado después del golpe de estado
de Miguel Primo de Rivera, ya que suprimió de un plumazo todos los partidos
políticos anulando por lo tanto el “Partido Socialista Monárquico Alfonso XIII”
fundado en enero de 1916 por mi bisabuelo José Ferrando Albors.
El negocio que
tenía, era una empresa de calzado que disponía de varias tiendas, una de ellas
en el Passeig de Gràcia, una fábrica de zapatos y la manufactura de todo
aquello relacionado con el calzado.
En el círculo
familiar no se mencionaba la relación familiar con la política, ni a favor, ni
en contra, tengamos en cuenta que, entre mi abuelo, acusado de ser de izquierdas
y mi bisabuelo, claramente monárquico había una confrontación permanente y mi
abuela se encontraba entre la espada y la pared.
Solo en alguna
ocasión comentó mi abuela, que su padre era el zapatero del rey Alfonso XIII,
pero sin darle mayor importancia, como padre dejaba mucho que desear, tanto a
su hermana como a ella les privaba de todo, y el dinero, que parece que movía
bastante se lo gastaba en todo aquello que podemos clasificar de reprobable mientras
sus hijas pasaban penurias.
Una de las
tiendas de José Ferrando, la que estaba en Paseo de Gracia, no sé
exactamente dónde, pero sí sé que era cerca de la Manzana de la Discordia,
donde en menos de 100 metros se concentra una arquitectura espectacular.
El nombre de “La
manzana de la discordia” está inspirado en la mitología griega y se basa en la
celebración de la boda de Peleo y Tetis donde habían sido invitados todos los
dioses excepto la diosa de la discordia Eris, ésta se presentó a la boda con
una manzana dorada con la palabra Kallisi, que quiere decir, “A la más bella”.
Varias diosas se pelearon para obtener la manzana, Zeus el padre de todos los
dioses, zanjó la disputa y ordenó a Paris “El de la hermosa figura” príncipe de
Troya, que juzgase y éste emitió el veredicto que se la entregase a Afrodita.
Al entregarle
la manzana a Afrodita (Helena), esposa de Menelao de Esparta, cuenta la
mitología que Paris, enamorado de Afrodita, la rapto provocando la famosa
Guerra de Troya.
Se habla del
paralelismo, entre la manzana dorada y la manzana de casas del Passeig de Gràcia
entre Consell de Cent y Aragó, se trataba de ver qué casa era la más bella.
En un principio
Barcelona estaba amurallada y literalmente ahogada, con calles muy estrechas y
sin ventilación. Había un camino que la unía con la villa de Grácia, llamado
“Camí de Jesús”, que después fue el actual Passeig de Gràcia.
Los militares,
propietarios de los terrenos autorizan un plan; hacer obra pública. Nace un
espacio para uso de los barceloneses y durante 30 años a izquierda y derecha se
instalan construcciones desmontables. El teatro Tivoli, el Prado catalán,
jardines con esculturas, cascadas, fuente quiosco con café y bebidas, un teatro
para 1800 personas etc…
En 1854 se
derriban las odiadas murallas y allí se inaugura uno de los mejores parques de
atracciones de Europa “Els camps Elisis” con jardines, laberintos, teatros,
montañas rusas, etc.… pensado para todo tipo de público.
En 1881 y
gracias al mecenazgo del banquero, Evaristo Arnús, se inaugura un pequeño
Liceo, donde se podía escuchar música de gran calidad, una de las más
destacadas fue el estreno mundial de la ópera “Carmen” de Bizet.
Por decisión de
Madrid, se construye una edificación en el cruce con la calle Aragó, el enlace
de tren con la capital y por donde pasaban las vías que cortaban el Passeig de
Gràcia. Josep Pla calificó la obra como “Partenón de la arquitectura urinaria”
por su semblante a los retretes públicos, no obstante, era la mejor comunicación
con Madrid.
Acabado el
poder militar y con el “Plan Cerdá” empieza la especulación y la burguesía
empieza a ocupar edificios inmensos en lo que se denominó “Quadrat d’or” en el
Passeig de Gràcia y colindantes.
El plan
urbanístico aprobado en 1860, llamado “Plan Cerdá”, es donde se perfila el
Paseo de Gracia como eje principal. Se construyen las residencias de las
familias más prestigiosas y adineradas de la ciudad Condal, es donde a principios
de siglo, la burguesía catalana hace gala con mucha opulencia de sus
posesiones, no solo en la arquitectura, también en vestidos, joyas,
complementos, sombreros, incluso carritos de bebé, etc…, hasta el punto que las
señoras, mandaban a didas (amas de cría) y criadas con sus joyas, para
pavonearse ante el vecindario, amistades y demás paseantes para lucir sus
pertenencias.
En este
escenario se instalaron los mejores comercios del momento como las sastrerías
Comas, Gales Bel, Furest o Santa Eulalia.
El Paseo de Grácia,
servía para eso, para pasear, ya fuera a pie, en bicicleta, a caballo o en carruaje,
donde ser saludado, era la forma de aparentar muchas relaciones con otros
paseantes, puede aplicarse el dicho de tener parientes, amigos y saludados.
Circulaba un comentario
que venía a decir que… Iba un matrimonio paseando y la señora viendo a una
mujer que ella pensaba que era la “querida” de un conocido, le comento a su
marido… La nuestra es más guapa.
“La manzana de
la discordia”, consta de cinco edificios, tres de ellos de arquitectos
modernistas, la Casa Amatller, de Josep Puig i Cadafalch, la Casa Lleó Morera
de Lluís Domenech i Montaner y la Casa Batlló de Antoni Gaudí, también están la
Casa Mulleras de Enric Saguier, de estilo neoclásico y la Casa Bonet de
Marcel.li Coquillat, remodelada y de estilo barroco. El que hace esquina con la
calle Aragó no es de la época que estamos describiendo.
Todas ellas nos
las encontramos subiendo por Paseo de Gracia a mano izquierda en los números
impares, en el 35 está la Casa Lleó Morera, se edificó en 1902 para la hija de
unos indianos, Francesca, la heredera de la familia y fue la única casa de toda
de la manzana que el Ayuntamiento de Barcelona premió por su belleza. Durante
la construcción, que duró nueve años, Francesca falleció y la heredó su hijo
Albert Lleó y Morera, dando el nombre a la casa.
En el 37 nos
encontramos la Casa Mulleras, diseñada por Enric Saquier, el mismo arquitecto
que construyó el edificio de la Caixa de Via Laietana, la Aduana del puerto de
Barcelona, el edificio del Tribunal Superior de Justicia, el Templo Expiatorio
del Tibidabo, entre otros muchos.
En el número
39, la Casa Bonet, o de Josefina Bonet, conocida inicialmente como casa
Torruella. Fue construida en 1887 y remodelada en 1915 por el arquitecto
Marceli Coquillat i Llofriu. En su interior se encuentra un impresionante
lugar, el Museo del Perfume, con infinidad de frascos antiguos, ungüentos y
perfumes, donde rendir homenaje al sentido del olfato.
En la rebotica
quedaban perfumes que la gente ya no quería y por no tirarlos se coleccionó
para hacer la exposición, con el tiempo fue evolucionando el diseño de la
perfumería y con los años se ha reunido una exclusiva colección de piezas que
se remonta a la época de los egipcios, entre muchos otros hay una pieza que
perteneció a María Antonieta. Abrió sus puertas como museo en los años 60.
La Casa Atmatller se encuentra en el número
41, proyectada por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch, fue un encargo del
industrial del chocolate Antoni Amatller, de ahí su nombre. El estilo del
edificio es una mezcla de gótico catalán y flamenco donde puede apreciarse en
la fachada su forma escalonada en la parte superior.
El señor Amatller era
dueño de una fábrica de chocolate en Sant Martí de Provençals, muy aficionado a
la fotografía, en aquel momento un arte muy selecto, fue un gran viajero y
coleccionista de vidrio arqueológico.
La Casa Batlló,
ocupa el número 43. En 1903 la adquirió Josep Batlló i Casanovas, un industrial
textil, casado con Amalia Godó, hija de Bartolomé Godó, que junto con su
hermano Carlos fundaron el periódico La Vanguardia.
Antoni Gaudí,
que ya tenía un gran renombre, con admiradores y detractores, trabajaba en
proyectos como La Sagrada Familia, la Torre de Bellesguard o el Parque Gúell.
Aquí el
arquitecto se centró sobre todo en la fachada, donde hace una alegoría al
patrón de Catalunya Sant Jordi en su batalla con el dragón.
Puede
distinguirse en los balcones unos esqueletos de piedra donde aparecen huesos y
calaveras que representan a los muertos por el dragón, el tejado con forma de
escamas sería el lomo con la piel del dragón, así como las tejas de cerámica de
colores, atravesado por la cruz de cuatro brazos, típica de Gaudí, que
representa la espada con la que Sant Jordí mata al reptil.
En el último
piso está el balcón de la princesa con forma de flor y en el vestíbulo se ubica
una escalera cuyos remates recuerdan las vértebras del animal que podría ser el
espinazo y la cola.
En el patio
interior hay una gran claraboya que recuerda el fondo marino y es donde se
produce la ventilación, mientras que el comedor y las habitaciones dan a la
fachada.
En el último
piso se encuentra el desván donde hay una sala con arcos catenarios que evoca
la caja torácica de gran tamaño del animal.

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